Al principio todo era oscuridad

Por:  Adriana Uribe

Nunca he podido entender si soy yo la que busco las cosas o si son las cosas las que me buscan a mí. Digo esto, después de analizar concienzudamente de donde vino mi  fascinación por la etiqueta.  Las ganas de conocer más y más, la intriga por sus inicios y  el interés por difundir el mensaje entre mi familia, mis amigos y  aquellas personas que conozco –y aun las que no conozco. Muero por sembrar la curiosidad y compartir lo poco o mucho que sé de etiqueta, ceremonial y protocolo.

Hará 20 años -casi una vida-  fui invitada a una gran cena protocolaria en el Country Club de Bogotá.  Yo, una pequeña provinciana, antes que amedrentarme ante tal invitación, la tomé como un examen de tantas normas aprendidas en mi hogar. ¿Reto? No. Más bien la confirmación de lo que sabía y podía demostrar.

Igual que un pequeño manantial que empieza a brotar antes de desembocar en rio torrentoso, el pánico empezó a invadirme tan pronto cruce el vestíbulo. La omnipotencia del lugar y su decoración; aquellos personajes parecían salidos de las  revistas de farándula por su elegancia y donaire. La disposición de las mesas, los prestantes compañeros con quienes departiría en la velada y los mil elementos en mi lugar de la mesa, que parecían cobrar vida; para no hablar del menú con platillos extraños… fue la primera vez que vi una langosta en su caparazón, lo cual logró que todo lo que sonara a “termidor” me produjera pavor por muchos años.

Fueron muchos detalles que como imaginarán lograron que entrara al “mundo real” de la etiqueta social con el pie izquierdo. Momentos bochornosos que reafirmaron mi carácter y evolucionaron el deseo por conocer ese sinnúmero de rituales, tiempos, libretos, y sobre todo, de razonamiento lógico, practicidad y sensatez.

Hoy entiendo que estoy aquí, no solo por la pasión por un tema que desde muy niña sembró en mí alguien idóneo en el espinoso tema, mi adorada abuela Silvia Mutis de Uribe. Fue por esa trágica invitación al club bogotano que ella abrió de par en par la puerta maravillosa del “saber ser y saber estar”.

Esa puerta que a partir de esta entrega de la revista DEMESA, quiero abrirle a usted amigo lector, para adentrarnos en el maravilloso mundo de la etiqueta y el protocolo en cada momento de la vida cotidiana, social y laboral.

Nos encontraremos pronto.

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