El golf en la Mesa de las Tempestades

Comenzando la década de 1960, el más importante constructor del siglo XX de Bucaramanga, don Armando Puyana Puyana tuvo la certeza de que la Mesa de Ruitoque podía urbanizarse, apelando entre otras cosas, a su ubicación estratégica sobre los valles de Río Frío y Menzuly. El destino quiso que antes de su desaparición viera realizado un proyecto que muchos consideraban imposible: el hermoso campo de golf de Ruitoque.

Según Juan Pablo Carvajal Puyana, presidente de la Junta Directiva de Ruitoque Golf Country Club, en la decisión de compra de los terrenos incidió el señor Alfredo Valek, un vendedor de seguros asociado con la inmobiliaria de Gustavo Puyana -hermano de don Armando-. Valek era un gran aficionado a la cacería de perdices, torcazas y otras especies de aves que sobrevolaban los terrenos de Ruitoque. En sus recorridos matutinos, tuvo claro que el desarrollo natural de Bucaramanga algún día tocaría esos parajes, entonces aconsejó a los hermanos Puyana adquirir varias hectáreas. La compra de las primeras tierras por parte de Urbanas –la constructora liderada por Armando Puyana- se remonta al año 1957, sin embargo, hay algunos testimonios que hablan de algunas adquisiciones en 1962.

Ruitoque era entonces una meseta semidesierta con galpones y pequeñas parcelas a la cual se accedía por una vía angosta y difícil, con depresiones matizadas por pajonales, montículos de rocas y cuevas que dieron refugio a los indios Guanes. Las pocas fuentes de agua existentes siempre constituyeron una limitante para pensar allí en cualquier proyecto, como seguramente lo fue para el hijo de don David Puyana cuando tomó la decisión de iniciar lo que el mismo llamo “mi última locura”. Sin embargo, transcurrirían 33 años antes de que se colocara la primera piedra del condominio de Ruitoque.

La génesis de una locura

En palabras de Pablo Emilio Bustamante, quien en 1987se desempeñaba como subgerente administrativo de Urbanas, aunque la constructora continuaba su ritmo constante de expansión en diferentes zonas de Bucaramanga y Cañaveral, Armando Puyana siempre tuvo la obsesión de construir en Ruitoque una cancha de golf en medio de un condominio para atraer potenciales compradores y turistas. Su idea se basaba en replicar en tierras santandereanas un desarrollo inmobiliario similar a los que existían junto a muchos clubes de Miami, Tampa y Palm Beach.

 

El golf fue el gran detonante de un anhelo que revivía en su mente cada vez que viajaba a Miami para jugar en la cancha de El Doral, donde había adquirido una propiedad. Era un gran aficionado a este deporte que consideraba ideal para los negocios, muchos golfistas y caddies del Club Campestre de Bucaramanga recuerdan sus alegrías y rabietas cuando jugaba los miércoles, sábados y domingos junto a sus partners de toda la vida. En Bogotá jugaba golf en compañía de su gran amigo Enrique ‘Bambuco’ Samper y otros miembros de Asosenior, la asociación de golfistas mayores que ayudó a fundar y apoyó incondicionalmente.

La determinación y el coraje que siempre lo caracterizaron hacían que no diera su brazo a torcer cada vez que alguien le hablaba de las dificultades de un proyecto de semejantes dimensiones en Ruitoque, al punto, que en varias ocasiones estuvo a punto de iniciar las obras. Sin embargo, una u otra circunstancia lo obligaba a aplazar la decisión. Pablo Bustamante narra cómo en 1988 solía acompañar a don Armando hasta Ruitoque a bordo del campero Mitsubishi que él mismo conducía, la merienda para la expedición consistía en un pollo asado y gaseosa. “Me asombraba la forma en que describía con gran lucidez cómo estaría organizado el condominio y la ubicación de los hoyos del campo de golf. Parecía que su mente estuviera proyectando una imagen virtual de lo que hay en la actualidad.”

 

El inicio

Corría el año 1990, con ello se cumplían tres décadas desde la primera adquisición de tierras y Armando Puyana no estaba dispuesto a dar más largas a su idea. Por esa época sus colaboradores escuchaban de él la frase: “Me arrancan este proyecto ya, porque a mí se me está acabando la película”. Entonces, ese mismo año Pablo Bustamante fue comisionado para adelantar la compra de más tierras, pues las 107 hectáreas adquiridas años atrás no eran suficientes. Con la nueva adquisición se completaron 240 hectáreas sobre la Mesa de Ruitoque, a las que finalmente se añadieron otras 32 que sirvieron para construir la carretera de acceso sobre la autopista a Piedecuesta.

Curiosamente, una de las primeras tareas que debió asumir Pablo Bustamante fue conocer del universo del golf, donde su jefe se desenvolvía con naturalidad. Como anécdota queda que durante un viaje a Estados Unidos, don Armando le dijo que si quería formar parte de este emprendimiento el requisito era aprender a jugar. De hecho, le obsequió un equipo de golf con la promesa de que empezaría a tomar clases, como efectivamente lo hizo.

Comenzando 1992, Armando Puyana por circunstancias personales debió residir una larga temporada en La Florida, ese tiempo lo aprovechó para acopiar información suficiente sobre campos de golf, que le permitió enriquecer su proyecto. Aun así, desde la distancia impartió instrucciones para iniciar los movimientos de tierras en1992, que sirvieron para acondicionar la carretera de acceso con las vías internas, una pequeña cancha de práctica y una estructura que sirvió como caseta de ventas del condominio -actualmente ocupada por la academia de golf-. También se construyó la casa de Pablo Bustamante en lo que hoy se conoce como La Rinconada, convirtiéndose así en el primer habitante del condominio. El segundo sería el propio Armando Puyana, quien en enero de1995 construyó una cabaña donde fijó su residencia permanente para “convencer a los incrédulos” y supervisar directamente las obras.

 

Nicklaus Design

Como es lógico, el líder de Urbanas necesitaba algunos puntos de referencia para el proyecto, por esa razón se dedicó a visitar algunos clubes de golf del país y el exterior en compañía de sus colaboradores. Se sabe que lo impresionó particularmente Casa de Campo en la región de Bávaro (República Dominicana), un hermoso condominio con viviendas de lujo y hotel, donde se puede jugar en dos magníficos campos de golf junto al Mar Caribe.

La información recaudada le permitió redondear la idea de tener un condominio de lujo aprovechando la topografía del terreno y las incomparables panorámicas que ofrecía; aspectos que lo harían único. Otro detalle fundamental era conseguir que el trazado de la cancha de golf cumpliera con los estándares internacionales para acoger grandes competencias, por eso decide asesorarse con una empresa especializada. En este proceso hubo varios nombres opcionados para realizar los diseños, entre ellos, Arnold Palmer y Charles Mahannah -este último fue el diseñador del campo de golf del Club Campestre de Bucaramanga inaugurado en 1968-. Sin embargo, la importancia y la credibilidad que respaldaban a Jack Nicklaus, uno de los más célebres golfistas del mundo, inclinaron la balanza hacia su empresa, Nicklaus Design, que finalmente asumió la responsabilidad.

El arquitecto venezolano-americano Chet Williams fue el encargado de diseñar los planos y fue también el intermediario entre Urbanas y los ejecutivos de la firma americana. Armando Puyana se reunió con Jack Nicklaus y tuvo la intención de que el “oso dorado del golf” conociera Bucaramanga, lamentablemente la visita nunca se concretó.

La construcción de la cancha recayó en Jerry Pierman, quien estaba a la cabeza de otra compañía llamada J.L Pierman International, y que había ocupado el cargo de vicepresidente en Nicklaus Design durante 10 años. De esta parte de la historia, hay un hecho anecdótico que vale la pena resaltar y era el estilo particular de Armando Puyana a la hora de pactar sus negocios. El acuerdo para construir la cancha de golf se selló durante una reunión social con algunos whiskies, llevada a cabo el 21 de julio de 1995, en su recién construida cabaña de Ruitoque. El documento hecho en una pequeña hoja de cuaderno estableció un presupuesto que USD 79.000 -En 1995 la TRM equivalía a 1.003 pesos por dólar-.Durante las primeras ocho semanas, la inversión sería de USD 60.000; la siguiente fase requería USD 7.000. Finalmente se destinarían USD 12.000 para las últimas dos semanas.

 

En búsqueda del par 71

En el lenguaje de los indios Guanes, Ruitoque significa “meseta de las tempestades”. Por su territorio después del mediodía y hasta el atardecer, es habitual que el viento alcance más de 20 km por hora. Esta condición eólica motivó a trazar un tipo de cancha abierta que desafiaría a los futuros golfistas. De acuerdo con algunas apreciaciones, el movimiento de tierras fue un proceso exitoso; inicialmente se había dado forma a greenes planos y simples, pero gracias a las contribuciones de Chet Williams y Jerry Pierman, éstos adquirieron el movimiento que caracteriza el estilo Nicklaus que finalmente dieron la riqueza a la cancha.

Un rasgo que contribuyó a acelerar las obras fue la topografía del terreno con ondulaciones y salientes. Este aspecto hizo que la construcción del campo fuera práctica y económica, requiriéndose solamente efectuar trabajos de forma. Según Rodolfo Azuero Paillie, quien fue el encargado de gerenciar el club, la prioridad fue la intervención de los embalses aprovechando las cañadas existentes que llenaron su caudal antes del tiempo previsto. Además de su uso para el riego, las concentraciones de agua representaron un hazard exigente para los golfistas.

Se realizaron estudios hidrosanitarios y se construyeron las estructuras para el manejo de las aguas lluvias como también los filtros para evitar las inundaciones durante el invierno,  igualmente se instalaron bajo la tierra las redes para el riego automático de la cancha. Dichas obras tuvieron la dirección del Ingeniero Julio Silva, subgerente técnico de Urbanas.

La grama del tipo “bermuda” importada de los Estados Unidos evidenció un rápido crecimiento. De este modo, la primera fase de la obra entregada en diciembre de 1995 arrojó como resultado los primeros 9 hoyos. Por supuesto que Armando Puyana fue el primero en experimentar el juego en la cancha de Ruitoque, no solo en un acto de supervisión sino también de profundo deleite.

 

 

Gradualmente, el majestuoso par 71 de 6601 yardas empezó a surgir guardando el estilo de los campos de tipo links, caracterizados por la arborización mínima, donde es clave la presencia de pajones, los cuales lamentablemente han ido disminuyendo con el tiempo. La inauguración se realizó el 20 de mayo de 1997 con motivo del Primer Abierto Internacional de Golf Armando Puyana Puyana, “Copa Mariscal Sucre”, organizado por Asosenior.

Cabe aquí resaltar, que Armando Puyana emprendió las obras de Ruitoque cuando tenía 70 años, por eso muchas personas que visitaban por primera vez el condominio elogiaron que un hombre de su edad estuviera al frente de semejante desafío.

En mayo de 2017 se cumplieron 20 años de la construcción del Campo de Ruitoque Golf Country Club, para muchos el proyecto más ambicioso emprendido por Armando Puyana, que de paso, puso fin a sus viajes golfísticos pues ya había logrado consolidar su propio resort deportivo. También fue el motor que dejó atrás el paradigma de la lejanía e indujo a los habitantes de la ciudad a aceptar que la expansión urbana era un fenómeno real. De paso, la nueva cancha de Ruitoque junto al tradicional campo del Club Campestre, consolidaron a Bucaramanga como un destino golfístico importante, digno de integrar a cualquier circuito de este deporte.

 

 

 

 

 

 

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