“El gran dictador” cumple 75 años de su estreno

El 15 de octubre de 1940, con el estreno de El gran dictador, Charlie Chaplin marcó dos cambios dentro de la filmografía que había arrancado miles de sonrisas a lo largo de la época del cine silente y su transición a lo sonoro: debía elaborar el guion de la que sería su primera película, hablada íntegramente, y se metería en la piel de dos personajes, el noble y el malo.

El largometraje contaba la historia de dos personajes opuestos: un barbero judío que se encontraba prestando el servicio militar en medio de la guerra y un hombre llamado Adenoid Hynkel, quien era la clara figura parodiada de Adolfo Hitler hecha por Chaplin. Ambos relatos ocurren en un estado imaginario llamado Tomenia cuya población sufre el yugo dictatorial del respetador general Hynkel.

El ensamble anteriormente enunciado era una conexión que el cineasta británico realizaba sobre Alemania como Tomenia, la tierra que sufría el yugo dictatorial de Hynkel (Hitler) y el barbero judío simbolizaba la población oprimida.

De acuerdo con Luis Alberto Álvarez en su texto “Los 50 años de ‘El gran dictador': las dos caras de Chaplin”, cuando “la película se presentó en Alemania y Francia en los años cincuenta, mucha gente se frunció considerándola una broma de mal gusto frente al dolor inaudito que la guerra y el fascismo habían representado”.Sumado a esto, Álvarez sostiene que ” la película es, ante todo, un panfleto de propaganda, que no niega para nada su naturaleza. Sin embargo, es uno de los escasísimos panfletos políticos que han logrado sobrevivir a su motivación inmediata y adquirir valor universal y permanente, gracias a que su reclamo humanitario se capta como legítimo y sentido en profundidad, y no como retórica vacía. En cuanto propaganda, la función de El gran dictador fué más importante para los aliados que todo el estilo grandilocuente y aplastante de los documentales alemanes”.

Entre Hynkel y el barbero judío existe una dicotomía, un maniqueísmo comprendido por el bien y el mal como las dos únicas corrientes que se enfrentan constantemente en las justas que ha librado la historia. A pesar de que Chaplin imprimió un serio componente de humorismo y comedia de tipo slastick a Hynkel y a sus escenas, este personaje no se alejó de las connotaciones siniestras. Mientras tanto, el barbero judío recoge los valores humanitarios que iban en contra de la doctrina fascista que se movilizaba. El discurso que pone fin a la cinta es un manifiesto por la libertad, es un alegato de más de cuatro minutos que se siembra a favor de la democracia, las hermandades y es un rechazo hacia las discriminaciones y la opresión.

Datos curiosos

El juego de roles opuestos le brindó la oportunidad para que Charlie Chaplin demostrara sus capacidades histriónicas de tal forma que alcanzó una nominación al Oscar como mejor actor principal, asimismo, la cinta conquistó otras cuatro candidaturas para este galardón, entre ellas la de mejor película. Por otro lado, dentro de la polémica que encierra a esta película, se dice que Adolfo Hitler exigió ver en privado el largometraje; sin embargo, nunca se conocieron sus opiniones al respecto. Sumado a esto, Albert Speer, arquitecto colaborador de Hitler, señaló que este filme era el mejor documental acerca del líder del nazismo.

 

 

 

 

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