Gilberto Gómez Santander: El industrial que transformó la energía en progreso

 

Con sobrados méritos, el ingeniero Gilberto Gómez Santander ocupa un sitio destacado en la historia de la industria nacional por sus aportes e innovaciones en el sector eléctrico y su contribución al progreso de Santander. Este hombre, nacido en Guapotá, revive aquel aforismo de Paul Éluard que reza: “Hay otros mundos, pero están en este”.

A pesar de estar retirado de la actividad económica, Gilberto Gómez aún tiene el vigor para seguir al frente de los negocios familiares. Como padre, siempre ha tenido presente que uno de los mejores legados que puede dejar a sus hijos Gilberto, María Ximena e Isabel Cristina es el amor por sus raíces, la honestidad y la tenacidad para enfrentar los retos. María Isabel, su amada esposa desde hace 52 años, ha sido testigo de su agudeza, instinto, carácter inquieto y la vocación innovadora, cuyo potencial parece ser inagotable.

Forma parte de la séptima generación de ingenieros electricistas que entregó la Universidad Industrial de Santander. De aquella época, recuerda el éxodo de profesionales europeos que llegaron al país como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, muchos de ellos enriquecieron la nómina de docentes en la UIS y aportaron con sus mentes brillantes al fortalecimiento de la educación como nunca antes se había visto. En esas condiciones, Gilberto pudo aprovechar no solo aprendizaje, sino las claves para profundizar en la innovación y el emprendimiento.

Abriendo caminos

Hacia 1960, al término de sus estudios superiores, tuvo en mente la premisa de ser independiente a pesar de que algunas compañías ya le habían ofrecido trabajo. Contra todo pronóstico, y haciendo acopio de su talante inquieto, decide asociarse con su colega Manuel Arango Mejía para constituir Gómez & Arango. Inicialmente la firma desarrolló algunos proyectos eléctricos y telefónicos, pero muy pronto, los alcances mostrados en la ingeniería sirvieron para que la compañía emergente asumiera el alumbrado público de los barrios Cañaveral, Diamante, Provenza y la Ciudadela Real de Minas. De manera conjunta, manejaron proyectos con la Electrificadora de Santander que garantizaron llevar energía eléctrica a otras poblaciones, consolidando su liderazgo como excelentes contratistas en la ciudad y el departamento, entrando posteriormente a desarrollar grandes contratos en electrificación tanto rural como urbana y en telefonía en varios departamentos de la Costa Atlántica y en todo Norte de Santander, donde Gómez & Arango tuvo presencia directa por más de 8 años.

Hasta ese momento, Bucaramanga carecía de un alumbrado público eficiente que utilizaba postes de madera, muchos de ellos deteriorados por la acción del clima. Frente a esa situación, Gilberto Gómez se propuso innovar colocando los primeros postes de concreto armado que se vieron en la ciudad de los parques. Como la implementación de este sistema requería la fabricación de postes a gran escala, en 1969 decide crear Concresur, una empresa que funcionó de forma paralela al apogeo de Gómez & Arango. La introducción de estos elementos para el alumbrado público y la red eléctrica aérea significó un enorme avance en términos de progreso, pero también de impacto ambiental al prescindir de la tala de árboles.

Concresur fue la compañía responsable de hacer la transición de torres metálicas, de alto voltaje, a estructuras de concreto que llegaron a medir cerca de 30 metros de altura. Dicha empresa también fue pionera en establecer su factoría en terrenos de la urbanización Vegas de Villamizar en Girón. Su ejemplo condujo a que nuevas empresas llegaran para consolidar en dichas tierras la zona industrial del Área Metropolitana de Bucaramanga.

Su talante emprendedor y visión de los negocios lo llevaron a generar empresas que aportaron fuentes de empleo y progreso para numerosas familias. Ejemplo de ello fue Intelsa, que nació de la unión de inversionistas santandereanos, entre ellos Gilberto Gómez Santander. La empresa creada hacia 1992 fabricó la nueva generación de aparatos telefónicos de teclado que empleaban la tecnología de marcación por tonos, contando con el apoyo tecnológico de la multinacional alemana Siemens y dio un giro importante a las telecomunicaciones en Bucaramanga.

Energía santandereana

La producción de transformadores de energía eléctrica fue tal vez el máximo aporte de Gilberto Gómez al progreso regional. Este hecho marcó un hito en una ciudad que por la época empleaba transformadores obsoletos adquiridos en el exterior. De esta coyuntura crea en 1974, junto a su compañero de universidad, Alirio Silva Álvarez, la empresa Transformadores GAMS como una oportunidad de mejorar la calidad de dichos equipos y complementar su oferta energética al mercado nacional. Silva era un ávido conocedor de las plantas transformadoras, con experiencia sobrada para comprender las dimensiones del proyecto.

En principio, GAMS desarrolló transformadores estándares básicos para suplir necesidades residenciales y gradualmente fueron incrementando la complejidad de sus equipos hasta desarrollar transformadores de alta potencia utilizados en empresas y complejos industriales como la refinería de Ecopetrol. Igualmente, lograron entrar a competir con compañías multinacionales que, en su momento, eran las únicas que podían atender este tipo de proyectos.

En la actualidad, a pesar de la disolución hace ya varios años de la empresa GAMS, en muchos lugares del país continúan funcionando sus transformadores, como también los postes de concreto fabricados por Concresur.

Otra empresa forjada por Gilberto Gómez, con su socio Manuel Arango Mejía, fue la Industria Santandereana de Filtros INSAFIL, compañía que nació con grandes proyecciones logrando entrar a mercados exigentes por su calidad y sofisticación. Esta compañía elaboraba filtros para aceite, combustible y aire, especialmente en los vehículos de gran envergadura usados en la minería.

La suma de todos estos proyectos innovadores hizo que la reputación de Gilberto Gómez al frente de sus compañías se destacara en el ámbito nacional y su criterio fue decisivo para fundar y, posteriormente, presidir por varios años la Asociación Colombiana de Ingenieros Eléctricos y Mecánicos (Aciem). También fue miembro de la Sociedad Santandereana de Ingenieros y la Junta Directiva de la Empresa de Teléfonos de Bucaramanga.

Este santandereano hizo de su instinto su marca registrada, aspecto que lo condujo a liderar varias empresas de manera simultánea, generando alrededor de 500 empleos directos sin contar los trabajos indirectos que beneficiaron a numerosas familias. Sin embargo, en su carrera debió tomar decisiones importantes frente a la crisis económica que sobrevino en el país comenzando la década de los años 90, siendo la apertura económica del Presidente César Gaviria una de las circunstancias que precipitó la liquidación de sus empresas; siendo Concresur vendida posteriormente a la muerte de su socio y amigo Manuel Arango Mejía, un gran ingeniero que supo batallar al lado de Gilberto Gómez, siguiéndolo en cada una de sus iniciativas. Aunque recuerda con gran sentimiento esta dura etapa, está convencido de haber tomado la mejor decisión, que redundó en el beneficio para sus colaboradores por encima de su interés personal.

Sus aficiones

De su faceta personal, la música es la afición que más se destaca siendo gran cultor de los aires colombianos que interpreta con el tiple y el canto. Nos confiesa que siempre albergó el deseo de aprender un instrumento y que solo a los 60 años pudo aventarse en el reto de tocar tiple bajo la instrucción del maestro Rafael Aponte, reconocido ganador del Mono Núñez. También ha sido golfista logrando alcanzar hándicap 13. También se ha destacado como un billarista consumado de tardes amenas junto a sus amigos del Club del Comercio.

Justamente, de su paso por los clubes más importantes de Bucaramanga se destaca su rol como miembro de las Juntas Directivas del Club del Comercio y del Club Campestre. Formando parte de esta última institución, fue uno de los responsables de la compra de los terrenos de Cañaveral junto al entonces presidente, Gustavo Liévano Fonseca, logrando hacer la transición de la sede antigua al complejo actual. Dentro del capítulo de la venta del predio que ocupó el antiguo Campestre, estuvo la intención de Gilberto, junto con otras 100 personas, de adquirir dicha propiedad con la iniciativa de desarrollar un complejo hotelero. Evidentemente este proyecto no se llevó a cabo y dio paso al Club Unión que se erigió en esa zona.

Su legado

En nuestra opinión, hay tres rasgos de la personalidad que definen a Gilberto Gómez y están relacionados con su dimensión como empresario, como ciudadano y como persona.

Como empresario, le definía su ambición de crecer, algo que proyectó en la creación de empresas, especialmente en el ámbito de tecnologías novedosas, asumiendo el riesgo de la diversificación.

Como ciudadano, lo define su coraje cívico y en el compromiso social del empresario. Finalmente, como persona, lo define su humanidad y asertividad para rodearse de personas útiles que interpretaron bien sus ideas en cualquier discusión, reunión o debate.

Además de la rectitud que ha acompañado cada una de sus actuaciones, otra premisa que lo enorgullece es la libre empresa; en este sentido afirma: “Yo tuve el valor de independizarme y declinar ante jugosas ofertas laborales. Las nuevas generaciones no deben tenerle miedo a la independencia, con poco dinero y mucho ingenio se pueden desarrollar grandes caminos”.

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