Gustavo Pradilla Ardila

Por: Virgilio Galvis Ramírez MD.

Por generosa oportunidad, se me da hoy, para en nostálgico adiós retraer de Gustavo vivencias de colegio, universidad y academia, vividas con el amigo y extraordinario ser humano quien a sus 10 años, en el rigor de una austera familia, como hijo mayor y por la ausencia del padre actuó improvisadamente como tal  para ayudar a su madre, doña Cecilia, en la formación de sus cinco hermanos.

Se graduó de la promoción 1964 del “glorioso” Colegio Santander , al lado de “kimba” (exalcalde Rodolfo Hernández); “chamizo” (Gerardo Ramírez); “ovejo” (Virgilio Galvis, al final me fui para el Colegio San Pedro ); “faraón” (Ramsés Pinilla); “chunga” (Polidoro Hernández); “padrecito mireyo” (optómetra Jorge Mantilla); “mutis” (Roberto Mutis) y tantos otros que ya han partido.
Con “El flaco” Gustavo nos fuimos a la Universidad de Antioquia  en pos de una quimera: llegar a ser médicos.

Nos acompañaban Carlos “el gordo” Amaya (QEPD); Kike “el negro” Montañez; Jorge Alberto Ortiz; médico y luego jesuita (QEPD) y Jorge Rojas. Los integrantes del “Consulado Santandereano”, estudiábamos a muerte para pasar esos dos terribles años exigidos para ingresar con un puntaje sobresaliente a los únicos 60 cupos que ofrecía la Escuela de Medicina , entre 1750 aspirantes.

Gustavo a mitad de carrera se enloqueció por el voleibol. Dejó la medicina y se convirtió en estrella al equipo de la Universidad de Antioquia  y luego de la selección Santander. Participó en torneos nacionales donde conoció a la también voleibolista por Cundinamarca, Nely Andrade. Yo, -sin todavía entender cómo veo como la linda deportista se enamoró del flaco. Y colorín colorado años más tarde terminaron casados.
El tiempo pasó. El flaco sentó cabeza por la medicina y se incorporó a la Universidad Industrial de Santander  en 1967 para graduarse años después con la distinción Summa Cum Laude  de la primera promoción médica, al lado de eminentes y queridos colegas.

Con su norte definido, aplicó para una especialización al famoso Instituto Neurológico de Colombia , bajo la dirección del santandereano Jaime Gómez González. Cuatro años después se convertía, con los mejores créditos, en su primer egresado neurólogo. Desde entonces era reconocido como notable cerebro y muy estudioso investigador. En 1975 a mitad de su posgrado, en Guasca (Cundinamarca), convirtió a Nely en su esposa y fue su importante soporte económico para culminar los estudios.

En 1979 regresan a Bucaramanga. Gustavo inicia en su terruño el periplo profesional que siempre dedicó a la academia. Fue maestro de muchas generaciones de médicos a quienes entregó e  acervo de su conocimiento e inculcó sus estrictos parámetros de la ética. Transfundió a todos ellos su extraordinaria calidad humana y las virtudes que siempre lo guiaron. Formó brillantes discípulos que hoy, desde el exterior, dan lustre a la neuro-medicina colombiana, como Carlos Pardo, director del Centro de Mielitis Transversa de la U. Johns Hopkins , entre otros.

En el hogar fue un hombre dulce como su diabetes y fuerte como su controlada hipertensión. Era un lector empedernido no solo de medicina, fue un “ratón de investigación ”, poseedor de una de las mejores bibliotecas neurológicas del país y ligado a sus principios. Nely recibía y toleraba con frecuente periodicidad los domingos a sus alumnos para adelantar trabajos de investigación.
Su cantautor: Joan Manuel Serrat . Prefería la música andina y su grupo predilecto era Les Luthiers . Se encerraba en su ático a los menesteres de la lectura médica y simultáneamente deleitaba su oído con la música. Nely, que de familia posee ánimo fiestero, rápidamente conoció de Gustavo que su gusto musical no guardaba congruencia con el baile; movía mejor los ojos.

De su suegro, Medardo Andrade, aprendió las funciones cariñosas de ser padre: saludar a sus hijos con un beso, darles el abrazo paternal cotidiano y exteriorizarles desde su timidez el calor del ser amoroso que llevaba por dentro.

“Fue maestro de muchas generaciones de médicos a quienes entregó el acervo de su conocimiento e inculcó sus estrictos parámetros de la ética, su extraordinaria calidad humana y las virtudes que siempre lo guiaron”

Con Nely colonizaron hacia Piedecuesta el sector manzanares, vereda la mata, donde 27 años atrás fijaron su residencia en compañía de sus pequeños hijos Gustavo, Andrea e Ivan Felipe. Allí crecieron todos brillantes, hoy cerebralmente inquietos y como su padre han llegado ya lejos.
Gustavo el mayor, con siete años de residencia en neurocirugía en Johns Hopkins, es hoy jefe de este servicio en Grady Memorial  de la Universidad de Emory  (Atlanta). Iván Felipe es médico epidemiólogo y continuará sus estudios en neurología, para luego culminar su sueño con otro postgrado en neurogenética translacional: temática cuya esencia es cambiar fragmentos del ADN enfermo por segmentos sanos que curan enfermedades hasta hoy no curables. Andrea, -apática de la medicina porque ésta le robó a su padretrabaja en Global Reporting Iniciative , ONG holandesa que mueve en el mundo iniciativas para mejorar la calidad de vida.

Nely, habiendo sido una exitosa gerente, cerró su ciclo profesional con la llegada de sus cinco nietas que transformaron su vida. Gustavo también cambió la estricta rutina del día a día y se había dedicado a cuidar sus dolencias médicas. Obsesivamente se levantaba a las cuatro de la mañana para hacer 45 minutos de elíptica, luego leía una hora y se fugaba a las seis para jugar tenis al Club Campestre  con su grupo de amigos “los madrugadores ” y hacia las ocho iniciaba la preparación para su jornada académica medico hospitalaria.

Le conocí como un hombre generoso con propios y extraños. De sus múltiples viajes regresaba cargado de obsequios para esposa e hijos. Luego ellos sintieron -en el mejor sentido el cambio de amores, pues últimamente el abuelo priorizaba los regalos para sus nietas. Hicimos afinidad quizá por una similar personalidad: tesón, perseverancia, metas con altos niveles de excelencia y también por lo sutil.

Gustavo como yo era “cositero”. Compramos de telemarket  artículos de lo inservible promocionados en propaganda, en almacenes de cadena o en viajes: cintas, lámparas, sacapuntas, borradores, cajas de lapiceros por docenas y cuanta chuchería se antojaba, para tener en la mesa de estudio, que por obvias razones las señoras critican.
En su vida personal fue sencillo, ponderado, buen escucha y luego consejero. Como profesional fue estricto con él mismo y con sus alumnos en el manejo ético sobre la praxis médica; siempre vigente, actualizado y diría yo, “genioide”.
Llegó a ser profesor titular laureado y decano de la Facultad de Salud UIS. Recipientario de múltiples reconocimientos nacionales e internacionales, invitado a congresos de talla mundial donde viajaba como invitado. Antes del diagnóstico de su enfermedad estuvo en Tailandia para el Congreso Internacional de Epilepsia.

Gustavo Pradilla vivió para servir y dejó a sus hijos un extraordinario y holístico legado. A Nely legó la sabiduría para aceptar los designios del “gran jefe”. Conoce ella, el cariño y la admiración que este mortal le profesó a Gustavo y que siempre encontrará en la necesidad, mi cariño de hermano. Gus, mañana nos encontraremos.&

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